Café de Hacienda

Hablar del café en Franca pasa por hablar de Caracas. Lo que actualmente conocemos como una caótica metrópolis era hace poco más de un siglo una sucesión de apacibles haciendas cafetaleras. Las haciendas Blandín, San Felipe Neri, La Floresta, La Vega, Los Venados, Las Mercedes, dan nombre actualmente a urbanizaciones que enmascaran un origen agrícola con sus altos edificios de hormigón. La fertilidad de la tierra venezolana no se limitaba a Caracas, por lo que las zonas aledañas también fueron centros importantes de cultivo del cafeto en siglos pasados. De ellos, el estado Aragua, a sólo 45 minutos, es el más cercano y ofrece cerezas de un dulzor frutal muy característico. Tan fértil son estas montañas que el cafeto aún crece silvestremente y los caficultores deben controlar la expansión orgánica de las plantaciones.

Franca trabaja con dos haciendas que tienen más de dos siglos cosechando café ininterrumpidamente: El Paují y El Socorro, los cuales cuentan con un equipo agrónomo de primera. Tostamos el café en una Tornado de la casa alemana G. W. Barth de la década de 1950, la cual ayudamos a restaurar recientemente. Tostamos con un perfil sutil, pero decidido, para que el café equilibre sus azúcares con la expresividad de la tierra.

Una vez en nuestros cafés, los espressos son extraídos por baristas formados in-house con certificación de la Escuela Venezolana del Café, del cual su equipo director, Janina Pojan y Paramaconi Acosta son asesores permanentes de Franca. Sólo usamos equipos La Marzocco en nuestros locales y sólo ofrecemos bebidas sencillas que permitan expresar el valor de nuestros granos.

Tanta atención al café tiene un sólo fin: ofrecer la taza de café más placentera y memorable de la ciudad.

Advertisements