MANIFIESTO SOBRE NUESTRA MATERIA PRIMA

“Ningún hombre es una isla,
entera en sí,
Cada hombre es pieza de continente,
parte del total.
Si el villano es arrastrado por el mar,
Europa se reduce.
Cual si fuera promontorio,
cual si fuera coro de amigos,
o  fuera propia:
Toda muerte me disminuye,
pues estoy con la humanidad.
Así, no pidas saber por quién dobla la campana;
dobla por ti.”

John Donne – Meditación XVII

 

Hace 5 años, cuando abrimos Franca, decidimos fundar una empresa que propusiera nuevos fundamentos en la restauración caraqueña. Desde desarrollar una relación cercana y de confianza con nuestros empleados, hasta asumir responsablemente la alimentación de nuestros clientes y sus familias. Juramos perseguir incansablemente un estándar que nos acercase a esa idea de país con la que tantos soñamos.

Esta búsqueda nos ha impartido grandes lecciones. Uno de los aprendizajes más importantes que hemos tenido ha sido concientizar que la elección de materia prima que usamos para nuestros productos nos presenta tanto un dilema alimenticio, como uno moral.

Vivimos en un país cuyo sistema centralizado de distribución alimentaria está marcado por subsidios malsanos a materias primas importadas y por el desprecio al productor nacional, lo que ha derivado en una escasez histórica y una gran angustia para la población. Impulsados por nuestro deseo de encontrar soluciones duraderas y con la creencia fervorosa en el potencial venezolano, desde hace un par de años decidimos distanciarnos del sistema controlado por el gobierno para crear nuestra propia red de abastecimiento.

Creemos firmemente que la salvación de nuestro país está íntimamente ligada al rescate del campo a través de iniciativas agrícolas de alto valor. Creemos en los agricultores y en la capacidad que tienen no sólo de alimentarnos naturalmente, sino además en la posibilidad de iniciar un movimiento social de regreso al campo que derive en alivio para las ciudades.

Lo bueno es que todo esto ya ha empezado a suceder.

El café que te tomas en nuestros locales, de nombre Glorias, es comprado directamente a caficultores con los que trabajamos hombro a hombro, quienes reciben de nosotros un pago muy por encima del promedio nacional que les permite rescatar sus haciendas abandonadas. Desde allí, nos convertimos en custodios y protectores de ese grano, tostándolo y envasándolo para servirlo fresco con la identidad de su agricultor. Lo mismo sucede con el chocolate de nuestros postres. Viviendo en la tierra originaria del cacao, era inevitable aplicar esta filosofía de vida a uno de los cultivos más importantes de nuestra historia. Nuestros cacaocultores son patrimonio de nuestra larga tradición agrícola, actualmente en extinción, y con los cuales estamos escribiendo una nueva historia de renacimiento que llamamos Cacao Miranda.

Inclusive nuestras arepas y muffins son hechas con maíz que le compramos a un agricultor andino. Ese maíz lo cocinamos y lo pilamos nosotros mismos para ofrecer un desayuno realmente criollo en nuestro local de Las Mercedes. Y así, esto sigue con nuestra mantequilla, nuestras frutas, nuestros granos, nuestra carne, nuestros lácteos.

Más de 90% de la materia prima que usamos en Franca es adquirida directamente a un productor venezolano. Nuestra meta es llegar a 100%.

Estos 5 años nos han demostrado que para sentirnos absolutamente orgullosos de lo que hacemos debemos trabajar en devolverle la confianza al venezolano. Sin subsidios malsanos. Sin bachaqueos. Sin bozales de arepa. Sin conflictos de interés.

En eso estamos.

Carlos César Ávila.
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